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Notas curiosas sobre la muralla de Santo Domingo y la Torre del Homenaje

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Por:Virginia Flores-Sasso
Publicado por el Caribe, 6 de noviembre de 2020

La muralla que limita la ciudad colonial de Santo Domingo formó parte del sistema defensivo de la ciudad y su puerto, que inició con la construcción de la fortaleza hacia 1503, compuesta por una pequeña muralla o albarrada, el patio de armas y la Torre del Homenaje, símbolo del poder, la cual se construyó entre 1505 y 1507. El muro que cierra la fortaleza se terminó de construir en 1567 y con el tiempo se le agrega al conjunto de la fortaleza el polvorín o Santa Bárbara, la plataforma de tiro y el fortín de Santiago. El resto del sistema defensivo de Santo Domingo está compuesto por los fuertes y muros que cercan la ciudad, comenzó a construirse el 5 de agosto de 1543 terminándose unos 200 años después, en un trayecto lleno de interrupciones y modificaciones, producto de las situaciones de cada momento.

Las primeras murallas construidas a principios del siglo XVI eran pequeños muros, que, según señala fray Cipriano de Utrera, “por ser muy bajas, se podían introducir en la ciudad efectos clandestinamente con consentimiento de los guardias y rondas, pues los centinelas no alcanzaban a cubrirlas”. En 1588 se ordenó que la muralla que se estaba haciendo en esos momentos por la parte norte de la ciudad tuviera “una trinchera de tapias gruesas, de altura que os pareciere y con sus baluartes, como está designado en la traza, metiendo dentro de la zerca el cerro e padrastro de Santa Bárbara… E se saque la tierra para las tapias, de la parte afuera de la cerca, para que se haga foso”. Sin embargo, esta muralla no se construyó en ese momento ya que, en 1607, se le informó al rey que “conviene acabar de cercar esa dicha ciudad de Santo Domingo, corriendo lienzo de la muralla que se comenzó a los principios de la fundación de ella”.

En 1690, para poder cerrar la ciudad “se demolieron la casa de Juana de Miranda, Beatriz de Jesús y Juan Felipe, porque por ellas pasaba la línea de la muralla, y por dichas casas se pagaron 1,712 reales”. Los recursos para pagar estos tramos de muralla provinieron de un dinero que envió el rey para tales fines, donativos de los vecinos de la ciudad de Santo Domingo y de la renta de la fábrica. No obstante, las últimas intervenciones se hicieron en el siglo XVIII, cuando se construyen las murallas en el lado norte de la ciudad y los batiportes sobre los farallones en el lado sur.

Pero sin duda alguna la edificación más emblemática e importante de todo el conjunto de la fortaleza es la Torre del Homenaje, pues es una edificación con una gran capacidad de defensa ya que es la edificación más alta dentro de la fortaleza. Como marcan los cánones, es un espacio sencillo de planta rectangular de tres niveles construida con muros gruesos que la convierten en el último reducto de resistencia, en un lugar seguro, difícil de conquistar, asaltar y acceder. En ella residía el alcaide, o máximo jefe militar de la fortaleza.

En esta torre se hacia el juramento de vasallaje o “pleito homenaje y fidelidad”, que era un ritual y ceremonia de origen medieval que permanecía formalmente en las tradiciones y costumbres hispánicas, que estaba institucionalizado y que se repite invariablemente. Esta ceremonia utilizaba unas fórmulas verbales ritualizadas, reforzadas por unos gestos inscritos en un marco sacralizado. Se realizaba en la toma de posesión de un señorío, una villa, un mayorazgo, una fortaleza o cualquier otra institución de la corona. Cada uno de los alcaides que gobernaron las fortalezas durante el periodo colonial, celebraron el “pleito homenaje y fidelidad” como rito inicial para apoderarlos de ellas.

El ritual está compuesto por tres fases: el homenaje, la fidelidad y la investidura. El homenaje comprende dos actos, el primero verbal, que es la declaración y compromiso del vasallo de expresar su libre voluntad de ser hombre del señor; y el segundo acto, consiste en que el vasallo arrodillado, con la cabeza descubierta y sin armas, coloca sus manos en posición orante entre las del señor, expresando la sumisión y el poder. La segunda fase es la fidelidad que es un juramento que se realizaba con la mano sobre la biblia o sobre una caja que contuviera reliquias. De esta forma se resaltaba el carácter sagrado del juramento, poniendo a Dios como testigo, siendo considerada su ruptura como un perjurio. En esta ceremonia el señor preguntaba a su vasallo: ¿Quieres ser mi hombre (vasallo)?, a lo que este contestaba: «Si, quiero» o «Me hago vuestro hombre». El acto se sellaba con un beso que el vasallo le daba al señor en la mano. Por último, está la investidura, en la cual se le entregaba al vasallo un objeto simbólico, que muchas veces era ropa, una vara, un bastón, un anillo, o cualquier otro objeto dependiendo del acto.

Uno de los alcaides que realizó en la Torre del Homenaje de la fortaleza de Santo Domingo la ceremonia de pleito homenaje y fidelidad, fue el cronista Gonzalo Fernández de Oviedo, quien, además escribió allí su importante obra Historia General y Natural de Indias, cuya primera edición data de 1535, y fue allí donde murió con las llaves de la fortaleza entre sus manos como buen guardián y leal vasallo del rey.

Cabe aclarar que esta ceremonia ritual, también se celebró en la fortaleza de la Concepción de la Vega, pues está documentado que, en 1508, el gobernador Nicolas de Ovando realizó “el pleito homenaje e fidelidad que en tal caso se acostumbra hazer el qual por vos asy fecho vos haga dar y entregar la dicha fortaleza e apoderar en lo alto e baxo d’ella a toda vuestra voluntad…” a Miguel de Pasamonte, como alcaide de dicha fortaleza. Como vemos, la fortaleza de la Concepción de la Vega tenía una torre de dos niveles, donde se celebraba el pleito homenaje y fidelidad. Este acto de juramentación de fidelidad era muy importante, sobre todo en la mentalidad de aquella sociedad en la que los gestos y los ritos tenían muchos significados. Era una manera de sellar un compromiso y mostrar lealtad a la corona.

Esta gran obra que se construyó para proteger y defender la ciudad coloca a Santo Domingo dentro de las ciudades amuralladas del Caribe y del sistema defensivo de la corona española en sus territorios de ultramar.
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Este artículo forma para de las investigaciones realizas en el proyecto “Connected Worlds: The Caribbean, Origin of Modern World”, dirigido por Consuelo Naranjo Orovio desde el Instituto de Historia-CSIC, España y financiado por la Unión Europea, Horizonte 2020, código Nº 823846.